La crioterapia, en sus inicios, era un tratamiento médico que se utilizaba para conseguir diferentes resultados de salud.
A través de los contrastes entre el frío y el calor, se detectó que los numerosos beneficios que aportaba la crioterapia también se podían contemplar en el campo de la estética y la belleza con el objetivo de conseguir diferentes propósitos a nivel estético, como desobstruir los poros tamponados por grasa, polución y residuos y reactivar los folículos.
Como tratamiento capilar, la crioterapia supone un antes y un después en nuestro campo, pues permite tratar y combatir diferentes alteraciones o problemas en el cuero cabelludo, como la pérdida de cabello, dermatitis, seborrea, caspa, descamación...